Breve Historia de los Viajes Astrales

La primera vez que los seres humanos habitaron la Tierra en un cuerpo físico, fue en el continente de la Lemuria, hace más de 100.000 años.

 

En aquellos remotos tiempos, los seres humanos aún eran conscientes de su ser divino; por tanto conocían la telepatía como base de comunicación, porque no existía el engaño, y todos ellos tenían la capacidad de desprenderse del cuerpo a voluntad y viajar por los diferentes planos astrales, incluyendo el plano causal, el plano donde las entidades individuales pueden aún percibir la consciencia más alta de Dios sin perder su individualidad.

 

En la Lemuria, cuando la gente encarnó en la Tierra, no había grandes problemas, era la edad de oro de la humanidad y la gente permanecía consciente de su naturaleza espiritual, dependían de su conexión con Dios como la base de sus vidas y todos ellos eran conscientes de su unidad con el Ser interior o Dios. Pasado el tiempo, algunos comenzaron a satisfacer diversos propósitos egoístas y los sentimientos de celos, ira, lujuria y avaricia se desarrollaron. Esto enturbió su consciencia y la gente comenzó a perder contacto con su naturaleza divina y los poderes o dones que esto conllevaba, entre ellos la capacidad de viajar en el Astral.

 

Muy pronto la gente se olvidó de Dios. El karma negativo que estaban creando les hizo quedarse atrapados en un estado de ignorancia y, al olvidar su origen divino, comenzaron a identificarse con el cuerpo físico como única realidad. Con el paso del tiempo, con el hundimiento de la Lemuria, la mayoría de las capacidades originales del hombre se olvidaron y quedaron relegadas a un número reducido de personas.  Pero siempre ha habido grupos, posteriormente en la Atlántida y más tarde, tras el hundimiento definitivo de la Atlántida, en Egipto, la India y en el Tibet especialmente, donde hombres y mujeres han preservado y extendido hasta nuestros días los conocimientos ocultos del pasado y, en especial la capacidad de los viajes astrales como medio de un valor incalculable para recordar nuestros orígenes antiguos y también una fantástica herramienta de evolución para alcanzar el objetivo último de la vida humana, la realización del Conocimiento interior del Ser.